No matarás
A las montañas levanto mis ojos; ¿de dónde ha de venir mi ayuda? Mi ayuda proviene del Señor, creador del cielo y de la tierra. Salmo 121, 1-2
A las montañas levanto mis ojos; ¿de dónde ha de venir mi ayuda? Mi ayuda proviene del Señor, creador del cielo y de la tierra. Salmo 121, 1-2
Amado Padre que estás en el cielo, concédenos permanecer en tu gracia. Haz que por medio de tu Palabra la luz de tu gracia llegue a nosotros. Guárdanos firmes en la fe hasta el tiempo prometido, cuando tu redención llegue a todas las naciones de la tierra. Con frecuencia estamos ansiosos y nos preguntamos si la gente podrá aguantar. ¿Aprenderán a escuchar tu Palabra? ¿Permanecerán firmes cuando lleguen tiempos difíciles? ¿Se volverán solo a ti, quien conoce la hora y el momento señalado cuando veremos el día prometido? Que tu mano poderosa prevalezca sobre el mundo entero. Tú eres el único poder que puede ayudarnos a salir de nuestra gran aflicción, tú eres nuestro único Señor. Amén.
Señor Dios Todopoderoso, tus ojos velan sobre el mundo entero. Venimos ante ti acorralados por los males que todavía se aferran a nosotros. Refugia nuestras vidas en tus manos. Danos de tu fortaleza para vencer, incluso en sufrimiento y necesidad. Porque somos tuyos, oh Señor nuestro Dios. Has elegido a tu pueblo para fortalecerlo y liberarlo de todo mal. Te suplicamos que nos ayudes. Que podamos sentir tu presencia entre nosotros y que tu Palabra dé fruto en nosotros para la honra eterna de tu nombre. Amén.
Señor Dios, nos volvemos a ti en oración, para que venga tu reino. Que realmente venga a la tierra tu Jerusalén, con todos los bendecidos a quienes se les ha permitido reunirse en torno a Cristo Jesús por medio del perdón de pecados y la resurrección. Ven con tu luz a nuestro tiempo, para que se perdonen los pecados y las personas encuentren la salvación. Acuérdate de los que están en gran aflicción. Ayuda a quienes sufren por el pecado o la muerte, porque solo de ti proviene la ayuda. Nada nos puede ayudar excepto tu amor paternal en Cristo Jesús. ¡Alabado sea tu nombre! Amén.
Amado Padre que estás en el cielo, ¡que grande es tu bondad y misericordia para todos nosotros en la tierra, que estamos sujetos al sufrimiento y la muerte! Que nuestros corazones sean fortalecidos por medio de tu bondad y mediante el poder salvador de tu naturaleza, revelado a nosotros en Cristo Jesús, nuestro Redentor. Protégenos y bendícenos esta noche. Que tu Espíritu nos ayude a encontrar omnipresente misericordia y bondad. ¡Alabado sea tu nombre eternamente! Amén.