A las montañas levanto mis ojos; ¿de dónde ha de venir mi ayuda? Mi ayuda proviene del Señor, creador del cielo y de la tierra. Salmo 121, 1-2
Mateo 5, 20-26
En aquel tiempo, Jesús dijo a sus discípulos: “Les aseguro que si su justicia no es mayor que la de los escribas y fariseos, ciertamente no entrarán ustedes en el Reino de los cielos.
Han oído que se dijo a los antiguos: No matarás y el que mate será llevado ante el tribunal. Pero yo les digo: Todo el que se enoje con su hermano, será llevado también ante el tribunal; el que insulte a su hermano, será llevado ante el tribunal supremo, y el que lo desprecie, será llevado al fuego del lugar de castigo.
Por lo tanto, si cuando vas a poner tu ofrenda sobre el altar, te acuerdas allí mismo de que tu hermano tiene alguna queja contra ti, deja tu ofrenda junto al altar y ve primero a reconciliarte con tu hermano, y vuelve luego a presentar tu ofrenda.
Arréglate pronto con tu adversario, mientras vas con él por el camino; no sea que te entregue al juez, el juez al policía y te metan a la cárcel. Te aseguro que no saldrás de allí hasta que hayas pagado el último centavo”.
Reflexión sobre el cuadro
Nuestra lectura del Evangelio de hoy, en la que Jesús dice "No debes matar" y habla de la ira de los hermanos, me recuerda la historia de Caín y Abel. La primera persona que mató a su hermano fue Caín.
El pecado no surge así como así... primero crece como una semilla en el corazón de uno. La molestia, puede llevar a malos sentimientos, luego a la ira, al odio y finalmente a matar en casos extremos. Así que Jesús nos dice que la semilla del pecado necesita ser abordada en sus etapas iniciales.
En cuanto a la elección de un cuadro de Caín y Abel, siempre me ha gustado este lienzo de Bougereau, pintado en 1888. Se llama "El primer duelo". El propio título lo revela todo. Vemos a Adán y Eva que acaban de descubrir el cadáver de su hijo Abel. El dolor es inmenso. El peor temor de los padres ha sucedido, perder a un hijo. La mano izquierda de Adán se sujeta el corazón, el pecho, casi queriendo protegerse de la inmensa pena. Su otro brazo consuela a Eva. Descalza, está más allá de ser consolada. Apenas podemos ver sus rostros. La intimidad del dolor se comparte entre ellos. Toda la composición se inspira en las escenas de la Piedad a lo largo de la historia del arte. Abel está sin vida, colocado flotando sobre un charco de sangre. Detrás de ellos hay un paisaje oscuro con un edificio en llamas.
La ira provocó esta horrible escena en nuestro cuadro. Reconciliación es lo que Jesús nos pide... humildad para pedir perdón a quien hayamos podido molestar.