La decapitación de Juan el Bautista
Quiero alabarte, Señor, con todo el corazón, y contar todas tus maravillas. Quiero alegrarme y regocijarme en ti, y cantar salmos a tu nombre, oh Altísimo. Salmo 9, 1-2
Quiero alabarte, Señor, con todo el corazón, y contar todas tus maravillas. Quiero alegrarme y regocijarme en ti, y cantar salmos a tu nombre, oh Altísimo. Salmo 9, 1-2
—Yo soy el camino, la verdad y la vida —le contestó Jesús—. Nadie llega al Padre sino por mí. Juan 14,6
Amado Padre que estás en el cielo, venimos ante ti porque nos has recibido como tus hijos. Nuestros corazones anhelan llegar a ti, nuestro Dios y Salvador. Tu Palabra nos bendice y nos restaura. Danos corazones valientes para soportar las angustias de nuestro tiempo. Permite que surja una luz en nuestros días, para que la gente preste atención a tu voluntad. Entonces la necesidad del mundo llegará a su fin, tu nombre será honrado y se cumplirá tu voluntad. Señor Dios, solo tú eres nuestra ayuda. Ten misericordia de nosotros. Extiende tu mano de modo que todas las personas se vuelvan a ti y a tus mandamientos, y se haga tu voluntad en la tierra. Amén.
Amado Padre que estás en el cielo, te damos gracias porque nos guías en todos nuestros caminos. Juntos alabamos tu nombre. Te suplicamos que estés con nosotros, especialmente cuando aumentan las tinieblas en el mundo. Quédate con nosotros y manda tu poder; envía tu poder como respuesta a nuestras oraciones. Oramos por todas las personas: «Padre que estás en el cielo, estos son nuestros hermanos y hermanas, a pesar de sus fracasos y pecados». Oh Dios, ayúdalos. Ojalá pronto lleguen a reconocer quién eres tú, lo que haces y lo que harás todavía, para que el mundo entero tenga alegría y todos los pueblos en esta tierra conozcan la bendición de ser tus hijos. Amén.
Señor nuestro Dios, te alabamos, por venir a nuestro encuentro en todas partes, y por revelar tu gloria en nuestro mundo. Que seamos dignos de ti, personas que puedan representarte con todo nuestro ser. Danos la fortaleza para soportar, incluso en medio de luchas y tentaciones. Ten misericordia de nosotros todo el tiempo, por medio de nuestro Salvador Jesucristo. Que permanezcamos en cuerpo y alma en tus manos, y al final podamos llegar a ti, Padre nuestro del cielo, como hijos verdaderos, renacidos por medio del Espíritu Santo. Amén.