No he venido a traer la paz
Señor Dios, es triste ver a tanta gente que sigue presa del pecado, pero es más triste aún, que yo también soy esclavo de mis pasiones y deseos desenfrenados, ataduras que yo mismo me impongo. Desde hoy, quiero poner sobre mis hombros tu yugo, que es suave y tu carga, que es ligera.