De pronto vi prodigios.
Gracias, Señor, por tantas obras maravillosas que has hecho en mi vida. Hoy te pido que me enseñes a abrir las aguas de mi egoísmo, las aguas de mi soberbia, de mi temor, de mi falta de fe; y que me enseñes a pasar por en medio de ese mar de maldades sin mojarme, sin mancharme de ello.