Enseñaba a la gente...
Señor, no solo no temo, sino que espero ansiosamente el día en que Tú vengas de nuevo y empiece esa vida sin final, junto a ti, en la eterna bienaventuranza. Mientras tanto dame la gracia de vivir bien despierto, sobriamente y animando a aquellos que aún no se dan cuenta de lo maravilloso que es vivir en amistad contigo.