La otra mejilla...
Señor, que tu Evangelio lo haga vida en mí para poder tener comunidades en donde se respire tu paz y armonía. Que siempre busque llenarme de tu amor para aguantarlo todo y soportarlo todo.
Señor, que tu Evangelio lo haga vida en mí para poder tener comunidades en donde se respire tu paz y armonía. Que siempre busque llenarme de tu amor para aguantarlo todo y soportarlo todo.
Te doy gracias, Padre, por haber elegido a María como la madre de mi Señor y madre mía también, porque intercede siempre por mis necesidades, como lo hizo con aquellos novios en Caná, y que de ella puedo aprender a ser un verdadero discípulo e intercesor.
Señor Jesús, que nos llamas continuamente al seguimiento de tu persona y a la vivencia de tu evangelio, ayúdanos, con la fuerza de tu Espíritu Santo, a ser dóciles a tu llamado, para que nuestra fidelidad nos merezca el don de la vida eterna y podamos gozar por siempre de la vida que nos tienes preparada a los que creemos y confiamos en ti. Tú que vives y reinas por los siglos de los siglos. Amén.
Señor, gracias por el gran amor que me tuviste al entregarte a una pasión y muerte tan vergonzosa y dolorosa, solo porque me amas y quisiste la salvación para el mundo entero. Gracias por aquellas cosas con las que batallo y lucho cada día, sé que a través de ellas también me santificas; las acepto con agrado y también como una muestra del gran amor que me tienes.
Espíritu Santo, instruye mi interior, de tal modo que pueda comprender tus pensamientos y tus deseos para mí, pues sé que ellos me llevarán a una vida plenamente dichosa, tal como lo planeaste desde la fundación del mundo.