Sábado.
Señor Nuestro, tú que has puesto en mi corazón a tu Santo Espíritu para guiarme y fortalecerme, hazme consciente de esta realidad, para que, animado con tu gracia, pueda yo descubrir y realizar la misión que me has encomendado.
Señor Nuestro, tú que has puesto en mi corazón a tu Santo Espíritu para guiarme y fortalecerme, hazme consciente de esta realidad, para que, animado con tu gracia, pueda yo descubrir y realizar la misión que me has encomendado.
Padre bueno, tú que nos has enseñado a través de tu Hijo Jesucristo que es más importante la obediencia y fidelidad a tu palabra y voluntad que cualquier otra clase de obra buena, te pedimos que despiertes en nosotros la docilidad a tu palabra, para que siempre hagamos aquello que te agrada y seamos así imagen de tu bondad y misericordia para aquellos que nos rodean. Amén
Señor Dios Nuestro, tú que para manifestarnos la profunidad de tu amor nos enviaste como Salvador y Redentor a tu Hijo Jesucristo, el cual obediente a tu palabra asumió toda la condición humana, menos el pecado, para manifestarnos que, como en el Paraíso, Dios vive entre nosotros como un padre vive entre sus hijos amados, ayúdanos a abrir nuestros corazones a esa presencia tuya y que agradecidos por ello, cumplamos siempre tu voluntad. Amén.
Señor Dios, tú que siempre estás a nuestro lado para mostrarnos tu amor y manifestarnos tu gloria, ayúdanos a ser dóciles a tu presencia y fieles a las mociones del Espíritu Santo, para que siempre y en cada momento de nuestra vida seamos fieles seguidores de la Palabra de tu Hijo Jesucristo Nuestro Señor, amén.
Señor Dios, que constantemente nos llamas a la intimidad contigo para hacernos experimentar la riqueza de tu amor y benevolencia, ayúdanos a estar atentos a tu voz y ser fieles a tu palabra, para que algún día seamos dignos de alcanzar las promesas que nos hiciera tu Hijo: gozar de tu presencia para siempre. Amén.