¡Dichoso tú!
Señor, hazme consciente de mi papel como pastor de acuerdo a mi estado de vida; dame un corazón como el tuyo, que sepa amar a mi rebaño hasta el grado de dar la vida por ellos, es decir, por mis hijos, por mis empleados, por mis alumnos, etc. Enséñame a trabajar por ellos desinteresadamente, de muy buena gana, dando ejemplo para que cuando vengas tú, mi Pastor amado, pueda recibir el premio de vivir contigo eternamente.