Las destrezas que debemos tener en cuenta, esos conocimientos socialmente válidos, como lo decía hace 20 años nuestra querida Silvia Alvarez, que requieren de un movimiento de la parte cognitiva, procedimental y actitudinal de los estudiantes como lo dice nuestro currículo nacional y lo viven día a día nuestros docentes, son el eje fundamental del trabajo que debemos realizar.
La intencionalidad pedagógica del docente no puede perder de vista la posibilidad, sin importar la edad o la condición del que aprende, de aprender a seguir instrucciones; formarse para toda la vida sin necesidad de un transmisor de información; autoregularse en los hábitos individuales y sociales que le permitirán formar valores correctamente equilibrados.
Se supone que la escuela como espacio y también como estructura, tuvo su razón de ser para que esto ocurra, sin embargo, parece que se perdió la razón del significado del concepto de pedagogía. Esto fue más evidente cuando se compartimentó el conocimiento con un currículo que propuso un horario para dividir irremediablemente el conocimiento en asignaturas, cuando el aprendizaje siempre ha sido un constructo que tiene un abordaje interdisciplinario y holístico.
Ahora el reclamo de los menos tomados en cuenta en este tiempo de pandemia debe ser nuestro principal interés y motivación. Son ellos quienes nos demostrarán en realidad los aprendizajes que este tiempo de cuarentena y confinamiento dejará en la mente y en el alma de la humanidad.
Vamos a trabajar en un paso sostenido para que los docentes tengan la certeza del cambio que van a construir. Para que los padres de familia estén apoyando el proceso de aprendizaje que vamos a proponer y para que los niños aprendan que vivir y aprender en el hogar es posible y será la forma en la que construirán su vida de aquí en adelante.