Iniciar el nuevo camino.

“Ha llegado el momento que muchos docentes temían: aprender a aprehender o perder la oportunidad de hacer historia”

Abocados como estamos a un cambio de época es menester enfocarnos en la responsabilidad y en la urgencia que tenemos para responder a los requerimientos que esta época nos reclama.

Son nuestros niños y nuestras familias, como nunca antes, nuestros jueces y beneficiarios. Pero sobre todo somos nosotros los responsables de la protección de la cultura y del conocimiento en un mundo que manejó irremediablemente el error y la ilusión de la tecnología.

La visión lineal de la historia nos la cambiaron con un poderoso llamado de atención a la complejidad. Coincidimos con Agaray al asegurar que la escuela como estructura estaba ya en crisis antes de este evento pandémico. Eso es leche derramada. La gran cuestión es cómo en comunidad vamos a enfrentar este reto que tenemos por delante. Comunidades de aprendizaje, no solo para enseñanza remota de emergencia, sino en función de un plan sostenido para el después de la reclusión. Creo yo que es el verdadero reto que tenemos por delante.

De algún modo el habernos quitado ciertos recursos nos está proponiendo otros a los que debemos acudir a un aprendizaje veloz.

Es como cuando compras un electrodoméstico, cualquiera que sea, viene siempre con dos manuales, uno que no ocupa más de una hoja con sus cuatro carillas y otro que es un folleto más grueso. El uno trae las instrucciones concretas de los procesos más comunes de ese artefacto y las garantías. El otro trae las especificidades, las prestaciones, las normas técnicas que cumple, los principales problemas y las posibles soluciones. Aquí radica la diferencia entre el estado de emergencia en el que estamos y la propuesta para el “ahora es siempre todavía” del poeta. Nuestro manual de convivencia frente a nuestro proyecto educativo teniendo como manual de referencia a un documento poderoso y adelantado a su tiempo como es nuestro currículo nacional, que con errores y virtudes, nos abre una esperanzadora ventana que nos muestra un horizonte que es posible de contemplar y ojalá sea posible de caminar.