Señor Jesucristo, Salvador nuestro, permanece a nuestro lado y protégenos cada día en la tierra. Danos entendimiento del honor perteneciente a Dios. Ayúdanos a ver que tú eres enviado para que un día cielo y tierra se humillen ante la voluntad suprema de Dios. Asístenos al escuchar, entender y aceptar tu Palabra. Permanece con nosotros toda la vida, muy especialmente en el sufrimiento y a la hora de nuestra muerte. Que tu gracia esté con nosotros. Ayúdanos a estar siempre arraigados con firmeza a la voluntad de nuestro Dios y Padre celestial. Amén.
10. Un sábado Jesús estaba enseñando en una sinagoga.
11. Había allí una mujer que desde hacía dieciocho años estaba poseída por un espíritu que la tenía enferma, y estaba tan encorvada que no podía enderezarse de ninguna manera.
12. Jesús la vio y la llamó. Luego le dijo: 'Mujer, quedas libre de tu mal'.
13. Y le impuso las manos. Al instante se enderezó y se puso a alabar a Dios.
14. Pero el presidente de la sinagoga se enojó porque Jesús había hecho esta curación en día sábado, y dijo a la gente: 'Hay seis días en los que se puede trabajar; vengan, pues, en esos días para que los sanen, pero no en día sábado.
15. El Señor le replicó: '¡Ustedes son unos falsos! ¿Acaso no desatan del pesebre a su buey o a su burro en día sábado para llevarlo a la fuente?'
16. Esta es hija de Abrahán, y Satanás la mantenía atada desde hace dieciocho años; ¿no se la debía desatar precisamente en día sábado?'
17. Mientras Jesús hablaba, sus adversarios se sentían avergonzados; en cambio la gente se alegraba por las muchas maravillas que le veían hacer.
El milagro de la curación de la mujer encorvada solamente lo encontramos en el Evangelio de Lucas. Esta curación tiene un pequeño matiz que no debemos pasar por alto: Jesús vio a la mujer, la llamó y la curó.
Sí, Jesús tomó la iniciativa, no esperó a que ella le pidiera ser sanada de su enfermedad. Seguramente ella no lo hubiera hecho nunca, porque después de 18 años ya habría perdido la esperanza. Además, su enfermedad la tenía encorvada, como si quisiera expresar con su propio cuerpo que vivía replegada sobre sí misma, incapaz de ver más allá de ella misma.
Vemos aquí un rasgo de Jesús que no hemos de olvidar nunca, el Señor no es ajeno a nuestro sufrimiento, Él escucha hasta nuestros gritos silenciosos y nos sana de nuestras heridas más profundas. Claro que en ocasiones la curación se realiza después de muchos años.
También llama la atención que la mujer quedó curada en el acto, y enderezándose alababa a Dios. Su cuerpo y su espíritu sanaron simultáneamente. Y alababa a Dios porque al desencorvarse pudo mirar al Cielo y abrir su corazón a Dios. Si miramos a Dios siempre vamos a encontrar motivos para la alabanza.
En estos tiempos de pandemia que estamos viviendo, muchas personas se cuestionan sobre el poder y la misericordia de Dios ante la enfermedad y la muerte. Ante esto los cristianos tenemos que dar una palabra de esperanza a nuestro mundo, porque sabemos que Dios está cerca del que sufre, que no le es indiferente el dolor de sus hijos… pero Él tiene un tiempo y un plan de salvación para cada uno. No lo olvidemos.