Padre Nuestro

Yo soy el buen pastor. Así como mi Padre me conoce a mí y yo conozco a mi Padre, así también yo conozco a mis ovejas y ellas me conocen a mí. Yo doy mi vida por las ovejas. – Jn 10, 14-15

Un día, Jesús estaba orando y cuando terminó, uno de sus discípulos le dijo: “Señor, enséñanos a orar, como Juan enseñó a sus discípulos”. Entonces Jesús les dijo: “Cuando oren, digan: Padre, santificado sea tu nombre, venga tu Reino, danos hoy nuestro pan de cada día y perdona nuestras ofensas, puesto que también nosotros perdonamos a todo aquel que nos ofende, y no nos dejes caer en tentación”. Lucas 11, 1-4

Hoy celebramos la Fiesta de Nuestra Señora del Rosario. Esta fiesta fue originalmente conocida como la fiesta de "Nuestra Señora de la Victoria", ya que honra la victoria naval en Lepanto que aseguró a Europa contra una invasión turca. El Papa Pío V atribuyó la victoria a la intercesión de la Santísima Virgen María, a quien se invocó el día de la batalla, a través de una campaña para rezar el Rosario en toda Europa.

Las tropas del Imperio Turco Otomano habían invadido y ocupado el Imperio Bizantino y para 1453, una gran parte del mundo cristiano, cada vez más dividido, fue sometido a una versión de la ley islámica. Durante los decenios siguientes, los turcos expandieron su imperio hacia el oeste por tierra, penetrando en Europa y afirmando su poder naval en el Mediterráneo. En 1565 atacaron Malta, y planeaban invadir Roma como su siguiente etapa. Cinco años más tarde se formó la alianza de la Liga Santa, formada en gran parte por cuatro grandes potencias católicas: Génova, Venecia, España y los Estados Papales. La flota de 200 barcos navegó para enfrentarse a los turcos, y en preparación para la batalla, los miembros de la tripulación rezaron el rosario en todos los barcos. En el resto de Europa, el Papa había pedido que el rosario se rezara ese día en todas las iglesias. Al escuchar la noticia de que 280 de los casi 300 barcos turcos habían sido hundidos, el Papa instituyó la fiesta que ahora se celebra universalmente como Nuestra Señora del Rosario. La historia del cristianismo se habría visto significativamente diferente si no se hubiera ganado la batalla de Lepanto.

Nuestro cuadro de Paolo Veronese representa esta batalla y fue pintado un año después de la batalla real. En la parte superior de nuestra pintura, vemos a los santos Pedro, Roque, Justina y Marcos implorando a Nuestra Señora que conceda la victoria a la flota cristiana. En respuesta a sus súplicas, vemos a un ángel a la derecha lanzando flechas ardientes a los barcos turcos. La lluvia los golpea también... mientras el sol brillante ilumina la flota cristiana.

Nuestra Señora del Rosario, ruega por nosotros.

By Patrick van der Vorst y Br Juan Carlos Arias Bonet, L