Por lo tanto, no nos desanimamos. Y aunque por fuera nos vamos desgastando, por dentro nos vamos renovando de día en día. Porque estos sufrimientos insignificantes y momentáneos producen en nosotros una gloria cada vez más excelsa y eterna. Por eso, no nos fijamos en las cosas que se ven, sino en las que no se ven; porque las cosas que se ven son temporales, pero las que no se ven son eternas. – 2 Cor 4, 16-18
Lucas 4, 31-37
En aquel tiempo, Jesús bajó a Cafarnaún, ciudad de Galilea, y los sábados les enseñaba.Se quedaban asombrados de su enseñanza, porque su palabra estaba llena de autoridad.Había en la sinagoga un hombre poseído por un espíritu de demonio inmundo y se puso a gritar con fuerte voz:«¡Basta! ¿Qué tenemos que ver nosotros contigo, Jesús Nazareno? ¿Has venido a acabar con nosotros? Sé quién eres: el Santo de Dios».Pero Jesús le increpó diciendo:
«¡Cállate y sal de él!».Entonces el demonio, tirando al hombre por tierra en medio de la gente, salió sin hacerle daño.Quedaron todos asombrados y comentaban entre sí:
«¿Qué clase de palabra es esta? Pues da órdenes con autoridad y poder a los espíritus inmundos, ysalen».Y su fama se difundía por todos los lugares de la comarca.
En la lectura de hoy escuchamos cómo Jesús "habló con autoridad" a las multitudes. Quedaron impresionados con la forma en que Jesús habló. No sólo les inspiró lo que Jesús dijo, sino también la forma en que lo dijo. A menudo corremos el riesgo de separar el mensaje de su persona. Haciendo eso, corremos el peligro de reducir el mensaje de Cristo a un código moral. Es mucho más que eso; está intrínsecamente ligado a Él como persona.
Nuestra pintura (y por favor, agrándenla en la pantalla si pueden), es de Sandro Botticelli. En la Edad Media, el papel del exorcista era inseparable de la vida del santo, cuya función principal era ayudar a curar a la gente y acercarla a Dios. La pintura de Botticelli de los Tres Milagros de San Zenobio ilustra la vida del obispo Zenobio del siglo V, uno de los santos patronos de Florencia. El primer milagro, a la izquierda, es el obispo curando a dos jóvenes poseídos. Los hombres, que habían golpeado a su madre y que, después de ser maldecidos por ella (representada en la escena central), comenzaron a devorar su propia carne, están siendo exorcizados por San Zenobio que está rezando ante un crucifijo. Podemos ver a los dos demonios abandonando sus cuerpos. La escena de la derecha es la de los jóvenes arrodillados ante el obispo después de haber sido curados por él... con autoridad...