Todos deben considerarnos servidores de Cristo y administradores de los misterios de Dios. Ahora bien, de los administradores se espera que demuestren ser dignos de confianza. – 1 Cor 4, 1-2
En aquel tiempo, Jesús fue a Nazaret, donde se había criado, entró en la sinagoga, como era su costumbre los sábados, y se puso en pie para hacer la lectura. Le entregaron el rollo del profeta Isaías y, desenrollándolo, encontró el pasaje donde estaba escrito «El Espíritu del Señor está sobre mí, porque él me ha ungido. Me ha enviado a evangelizar a los pobres, a proclamar a los cautivos la libertad, y a los ciegos, la vista; a poner en libertad a los oprimidos; a proclamar el año de gracia del Señor». Y, enrollando el rollo y devolviéndolo al que lo ayudaba, se sentó. Toda la sinagoga tenía los ojos clavados en él. Y él comenzó a decirles: «Hoy se ha cumplido esta Escritura que acabáis de oír». Y todos le expresaban su aprobación y se admiraban de las palabras de gracia que salían de su boca. Y decían: «¿No es este el hijo de José?». Pero Jesús les dijo: «Sin duda me diréis aquel refrán: “Médico, cúrate a ti mismo”, haz también aquí, en tu pueblo, lo que hemos oído que has hecho en Cafarnaún». Y añadió: «En verdad os digo que ningún profeta es aceptado en su pueblo, Puedo aseguraros que en Israel había muchas viudas en los días de Elías, cuando estuvo cerrado el cielo tres años y seis meses y hubo una gran hambre en todo el país; sin embargo, a ninguna de ellas fue enviado Elías sino a una viuda de Sarepta, en el territorio de Sidón. Y muchos leprosos había en Israel en tiempos del profeta Eliseo, sin embargo, ninguno de ellos fue curado sino Naamán, el sirio». Al oír esto, todos en la sinagoga se pusieron furiosos y, levantándose, lo echaron fuera del pueblo y lo llevaron hasta un precipicio del monte sobre el que estaba edificado su pueblo, con intención de despeñarlo.
Pero Jesús se abrió paso entre ellos y seguía su camino. Lucas 4, 16-30
La lectura de hoy comienza con las palabras: "Jesús entró en la sinagoga el sábado como era su costumbre"... como hacemos los domingos cuando vamos a la iglesia. Nuestro cuadro de Carl Wilhelmson está ambientado en su Bohuslän natal, Suecia. Muestra una familia de una comunidad de pescadores locales, cruzando el agua para llegar a la iglesia, probablemente "como era su costumbre” los domingos. Los colores brillantes y vibrantes y la atención a los detalles (ver por ejemplo los reflejos del barco y los textiles en el agua) hacen que sea una hermosa pintura.
En particular, las palabras de la lectura de hoy me impresionaron: "como era su costumbre". Era un hombre de hábitos y por eso la lectura de hoy nos invita a imitar los hábitos de Jesús. Si imitamos a Jesús, comenzaremos a asemejarnos a él y a acercarnos a él. Cristo es la persona a la que debemos buscar imitar en todas las cosas que hacemos, pensamos o decimos.
By Patrick van der Vorst y Br Juan Carlos Arias Bonet, LC