Si muere, producirá mucho fruto

Señor, Dios nuestro, ¿qué nos puede separar de tu amor? ¿Acaso pueden las dificultades o el temor, la persecución, la desnudez, el peligro o el poder de la espada?

En todas estas cosas somos más que vencedores, por medio y gracias a él; quien nos amó.
Querido Padre que estás en los cielos, anhelamos coraje.
Tú responderás a nuestras oraciones y una y otra vez danos fuerza,
con el poder de tu Espíritu, el único poder que nos puede fortalecer.
Te damos gracias por todo lo que has hecho para nosotros.
Ayúdanos avanzando de victoria en victoria
hasta que todo en la tierra sea vencido
para el bien y honor tuyo entre la humanidad. Amén.

En aquel tiempo, Jesús dijo a sus discípulos: “Yo les aseguro que si el grano de trigo sembrado en la tierra no muere, queda infecundo; pero si muere, producirá mucho fruto. El que se ama a sí mismo, se pierde; el que se aborrece a sí mismo en este mundo, se asegura para la vida eterna. El que quiera servirme que me siga, para que donde yo esté, también esté mi servidor. El que me sirve será honrado por mi Padre’’. Jn 12, 24-26

Hoy estamos echando un vistazo más de cerca a esta página iluminada del manuscrito de Gante, alrededor de 1515, donde vemos una rica cosecha representada: una mujer está atando el grano en gavillas, un hombre está trillando el grano con dos azotadores, otro está cosechando el grano con una hoz; en el fondo vemos dos caballos, uno montado por un hombre, tirando de un carro apilado con grano, y más lejos en la distancia vemos más campos y la iglesia del pueblo. La belleza de ver los manuscritos iluminados es que forman parte de la Escritura. De estas pequeñas ilustraciones emana un sentimiento de reverencia por la devoción al detalle. Los colores suelen estar bien conservados, ya que forman parte de libros cerrados en los que entra poca o ninguna luz solar. Así que la frescura y la vitalidad de los colores es muy similar a la de cuando se produjeron originalmente.  

La mayoría de estos manuscritos fueron hechos en monasterios, dentro del "scriptorium", que sirvió para el estudio de los académicos y  para la escritura de libros. Se necesitaban cuatro trabajadores para construir estos libros: el pergamino preparaba la superficie de escritura (normalmente de piel de animal); el escribano copiaba las palabras para el libro; el iluminador que decoraba las páginas (como aquí), y el encuadernador que creaba el producto final, el lomo y la cubierta. Como en muchas de las artes, la belleza de estas piezas también radica en su naturaleza colaborativa: la unión de muchos artistas y habilidades. Piensen en la música también, donde varios artistas necesitan trabajar, juntos para crear un solo sonido.  

En la lectura de hoy, Jesús usa la naturaleza, la semilla y la cosecha para ilustrar un punto. Podemos sentirnos felices siendo  un grano de trigo bajo el sol. Pero si nos dejamos sembrar y arar en la tierra húmeda por Dios, el grano pierde su belleza y se desintegra, pero va a crecer como nunca antes. La primavera está llegando. Una cabeza entera de trigo aparece con veinte, cuarenta, sesenta granos de trigo emanando... listos para ser cosechados. Morir para dar fruto. 

By Patrick van der Vorst y Br Juan Carlos Arias Bonet, LC