Querido Padre que estás en los cielos, te damos gracias porque podemos ser tus niños. Gracias por darnos tu Espíritu para ser verdaderamente hijos tuyos.
Reúnenos en comunión contigo para que nuestro corazón y mente y todo dentro de nosotros se dé cuenta de la alegría que nos puede llegar por medio de tus regalos. Aunque el mundo de hoy está en confusión, duda y perdido en las cosas materiales; danos tranquilidad para recibir de ti el poder de la fe. Porque por medio de la fe, podemos llegar a saber lo que tú eres y lo que tú serás para todos los hombres algún día, por medio de Jesucristo el Señor. Amén.
En 1818, San Juan Vianney (el cura de Ars) fue nombrado por su obispo para ser el párroco de Ars en Francia. Aparentemente antes de su llegada, el pueblo era muy escéptico hacia la fe católica y por lo tanto era un nombramiento desafiante. En su camino a Ars, San Juan se perdió. Se encontró con un joven pastor llamado Antoine Givre. Después de que intercambiaran algunas palabras, Vianney admitió al muchacho que se había perdido. El pastorcito (que aparece en nuestra escultura con un bastón de pastor) le indicó la dirección correcta y caminó junto a su nuevo amigo sacerdote hacia el pequeño pueblo de doscientas personas. Se dice que San Juan Vianney al final de su paseo le dijo a Antoine: "Gracias por mostrarme el camino a Ars. Ahora te mostraré el camino al cielo'. Nuestra escultura muestra este momento; vemos a San Juan Vianney apuntando hacia el cielo.
El trabajo de San Juan llegó mucho más allá de los límites de la pequeña ciudad de Ars. A menudo estaba en el confesionario por más de 16 horas al día. La gente venía de toda Francia y más allá, para confesar sus pecados y escucharle predicar. Debía ser un hombre extraordinario. A las 2 de la mañana del 4 de agosto de 1859 (de ahí su fiesta de hoy), el Señor llamó a su fiel servidor a casa. Durante casi diez días y noches, la gente se alineó en las calles de Ars esperando pacientemente para verlo por última vez. A su funeral asistieron 30000 sacerdotes y más de 6000 personas. Todos los pueblos vecinos tocaron las campanas de sus iglesias en un radio de más de 10 kilómetros...
“El diablo escribe nuestros pecados, nuestro ángel de la guarda todos nuestros méritos. Trabaja para que el libro del Ángel de la Guarda esté lleno y el Diablo vacío”. San Juan Vianney
By Patrick van der Vorst y Br Juan Carlos Arias Bonet, LC