Señor, ábrenos.
Padre bueno, que la fuerza del Espíritu de tu Hijo me conduzca por los caminos de la confianza filial para que te ame y reconozca como Padre, de tal manera que viva dócil a Ti y en el constante servicio a mis hermanos.
Padre bueno, que la fuerza del Espíritu de tu Hijo me conduzca por los caminos de la confianza filial para que te ame y reconozca como Padre, de tal manera que viva dócil a Ti y en el constante servicio a mis hermanos.
Señor, a veces siento que mis problemas son más grandes que los de los demás y que nadie ha sufrido lo que yo he sufrido, pero al contemplarte, clavado en la cruz, sé que mis penas jamás se acercarán a lo que tú padeciste por mí. Por eso, desde hoy me abandono en ti, porque sé que la recompensa es grande: contemplar tu rostro por toda la eternidad.
Si no te reflejo, mi Señor, si la gente no ve en mí a un hijo de Dios que se siente amado y abrazado por ti, es por mi falta de vida espiritual; soy una persona más que no sobresale del resto del mundo, prefiero tener una vida "tranquila" y evitar la persecución por causa de Cristo.
Señor, con frecuencia digo que no tengo tiempo para orar, pero sí lo tiempo para dejar mis labores y fumar un cigarro, comer unos tacos, enviar correos o chatear con amigos, jugar en la computadora, ir a la tienda a comprar bocadillos, o simplemente perder el tiempo sin quehacer. Nada de esto es pecado, pero me impiden ejercitar la penitencia y la vida de la gracia, necesarias para poder renunciar a tentaciones mayores.
Señor, tu palabra me advierte que "el que no junta, desparrama" porque, o estoy contigo o estoy contra ti. Esto me hace reflexionar en que cuando pierdo la gracia me convierto en un instrumento de destrucción, dañándome a mí mismo y dando un mal testimonio a los demás.