Señor Dios, te suplicamos que envíes tu Espíritu sobre nosotros y sobre el mundo entero. Que tu luz alumbre sobre la tierra en toda la humanidad. Revela tu poder y da comienzo a tu reinado. Que se haga tu voluntad, oh Señor. Nos arrodillamos delante de tu trono para suplicarte. Señor, somos débiles, ayúdanos; bendícenos. Establece tu reino en los corazones de quienes están dispuestos a seguirte, que están dispuestos a aceptar tu gracia en Jesucristo. Ayúdanos por medio de tu fortaleza. Reina sobre nosotros. Quédate entre nosotros con tu Santo Espíritu, oh Señor Dios y Padre nuestro. Amén.
Marcos 2,1-12
CUANDO a los pocos días entró Jesús en Cafarnaún, se supo que estaba en casa.
Acudieron tantos que no quedaba sitio ni a la puerta. Y les proponía la palabra.
Y vinieron trayéndole un paralítico llevado entre cuatro y, como no podían presentárselo por el gentío, levantaron la techumbre encima de donde él estaba, abrieron un boquete y descolgaron la camilla donde yacía el paralítico. Viendo Jesús la fe que tenían, le dice al paralítico:
«Hijo, tus pecados te son perdonados».
Unos escribas, que estaban allí sentados, pensaban para sus adentros:
«¿Por qué habla éste así? Blasfema. ¿Quién puede perdonar pecados, sino sólo uno, Dios?».
Jesús se dio cuenta enseguida de lo que pensaban y les dijo:
«¿Por qué pensáis eso? ¿Qué es más fácil, decir al paralítico: “Tus pecados te son perdonados” o decir: “Levántate, coge la camilla y echa a andar”?
Pues, para que veáis que el Hijo del hombre tiene autoridad en la tierra para perdonar pecados -dice al paralítico-:
“Te digo: levántate, coge tu camilla y vete a tu casa”».
Se levantó, cogió inmediatamente la camilla y salió a la vista de todos. Se quedaron atónitos y daban gloria a Dios, diciendo:
«Nunca hemos visto una cosa igual».
Reflexión sobre el relieve de mármol romano
La época romana trajo muchas innovaciones como: acueductos, hormigón, libros encuadernados, periódicos, etc... También en el ámbito médico, se hicieron muchos inventos. La mayoría de estas contribuciones a la medicina procedían del campo de batalla. Bajo el liderazgo de Augusto, se crearon las primeras unidades de cirugía de campo, y para ellas se inventaron camillas para llevar a los soldados heridos a estas unidades. El uso de las camillas se extendió muy rápidamente por todo el Imperio Romano, hasta llegar a Tierra Santa, de ahí la camilla en nuestra lectura de hoy. Otros inventos, como las pinzas quirúrgicas arteriales para frenar la pérdida de sangre o incluso simplemente la desinfección de los instrumentos en agua caliente antes de su uso, fueron todos pioneros en el primer siglo antes de Cristo. La medicina militar romana demostró ser tan avanzada en el tratamiento de heridas y en el cuidado del bienestar de los soldados, que en realidad tendían a vivir más tiempo que el ciudadano medio a pesar de enfrentarse constantemente a las amenazas del combate.
Nuestro relieve de mármol del siglo I a.C. muestra a Télefus, un aliado de los troyanos, sentado en una camilla. Recibió una herida en el muslo, causada por la lanza de Aquiles, que no se curaría hasta que fuera tratada por el óxido raspado de la misma lanza que causo el daño. Este relieve de mármol muestra a Aquiles realizando el tratamiento a cambio de información de Télefus para localizar Troya.
Todos nos hemos sentido a veces paralizados, sin la fuerza para afrontar una situación, o sin el coraje para actuar, debido a algún fracaso personal, sintiéndonos inferiores, temerosos, sin querer afrontar las críticas... Nuestra lectura del Evangelio de hoy muestra el valor de nuestras amistades. Si nos rodeamos de buenos amigos, pueden ser como los cuatro camilleros para nosotros. Pueden llevarnos a un punto en el que nos pondrán de pie... y junto con Cristo, pueden empujarnos a "Levántate y camina".