La oveja perdida.

El Señor vela por aquellos que lo aman, como fuerte escudo y poderoso apoyo, refugio contra el viento ardiente, sombra para el calor del mediodía, protección contra los tropiezos y ayuda contra las caídas. Eclesiástico 34, 16 

En aquel tiempo, se acercaban a Jesús los publicanos y los pecadores a escucharlo; por lo cual los fariseos y los escribas murmuraban entre sí: “Este recibe a los pecadores y come con ellos”. Jesús les dijo entonces esta parábola: “¿Quién de ustedes, si tiene cien ovejas y se le pierde una, no deja las noventa y nueve en el campo y va en busca de la que se le perdió hasta encontrarla? Y una vez que la encuentra, la carga sobre sus hombros, lleno de alegría y al llegar a su casa, reúne a los amigos y vecinos y les dice: ‘Alégrense conmigo, porque ya encontré la oveja que se me había perdido’. Yo les aseguro que también en el cielo habrá más alegría por un pecador que se arrepiente, que por noventa y nueve justos, que no necesitan arrepentirse. ¿Y qué mujer hay, que si tiene diez monedas de plata y pierde una, no enciende luego una lámpara y barre la casa y la busca con cuidado hasta encontrarla? Y cuando la encuentra, reúne a sus amigas y vecinas y les dice: ‘Alégrense conmigo, porque ya encontré la moneda que se me había perdido’. Yo les aseguro que así también se alegran los ángeles de Dios por un solo pecador que se arrepiente”. Lucas 15, 1-10

Reflexión.

A medida que el invierno se acerca, y las escenas de nieve estarán pronto sobre nosotros, admiramos la destreza y la poesía que el pintor transmite en este lienzo. Joseph Farquharson mostró esta pintura en la Academia Real de Londres en 1903, donde atrajo a grandes multitudes de personas que admiraban los suaves tonos amarillos, los tonos rosa claro en la nieve bajo el árbol y las ovejas serpenteantes. Un pastor que lleva el peso de un poco de heno fresco está atendiendo a su rebaño...

...el pastor en nuestra lectura del Evangelio de hoy va más allá de la llamada del deber de atender a sus ovejas, no es indiferente. Sale de su zona de confort de su lugar seguro para ir por ella. Y eso es lo que le preocupa a Jesús: la oveja perdida. No se trata de que una oveja esté equivocada. La oveja está perdida, no equivocada. La principal preocupación de Jesús es que nos perdamos... que estemos ausentes y desaparecidos de su rebaño. Y todos nosotros estamos a menudo perdidos en la oscuridad.  Jesús quiere volver a acercarnos a él. No nos está culpando o juzgando... Simplemente quiere recuperar y reclamar lo perdido...

By Patrick van der Vorst y Br Juan Carlos Arias Bonet, LC