Una parábola de hoy

El que tenga oídos que oiga.

“Padre mío, te pido por los jóvenes que son la esperanza del mundo entero, no te pido que alejes la corrupción, sino que los alejes a ellos de ella. Padre santo, no permitas que los jóvenes se dejen llevar las ideologías malignas y mezquinas, haz que descubran lo más importante que hay en la vida: no tener más o poder, sino servir más y amar más. Padre, enséñale a todos los jóvenes de mi juventud, en la que yo crezco, que la verdad es buena, libera, rompe cadenas, aleja la injusticia y hace a los hombres buenos. Padre, deseo que cada uno de los jóvenes tenga un corazón grande, lleno de amor, universal y que hable todos los idiomas, que no le importe el color de la piel sino el amor. Padre, enseña a todos los jóvenes de esta generación a ser buenos, bondadosos, y a que no conozcan las fronteras, que amen a sus hermanos tanto como nos amas tú,
Amén.”

Instrucciones:

Se trata de que hagas oración cada día. Todos los días puedes empezar el rato de oración con la "oración inicial para cada día" que está al inicio de este artículo; después leyendo con atención el "texto de cada día", a continuación hablas con Dios y con María; por último, terminas rezando la "oración final".

  1. PROHIBIDO CORRER: Es corto; no tengas prisa en terminar de reflexionar. No es leer y ya está. Dale tiempo a que Ella te hable.
  2. LO QUE NO ESTÁ ESCRITO... ¿Sabes qué es lo mejor de este texto? Lo que no está escrito y tú le digas; la conversación que tú, personalmente, tengas con María.

TEXTO DE CADA DÍA.

La parábola del cerdo triste 

Érase una vez un granjero que era dueño de muchas clases de animales y los quería a todos por igual. No importaba cuan útiles eran para él o cuan bellos eran, disfrutaba pasar tiempo con cada uno. Cuando los alimentaba, siempre los acompañaba en su prado, establo o corral, para hablarles, tocarlos, cepillarlos, acariciarlos y jugar con ellos. Al final del día, olía igual que ellos y ni siquiera le importaba.

Pero a su esposa, sí que le importaba. “¡Uf!” exclamaba, tapándose la nariz. “La casa está limpia – procuremos mantenerla así. ¡Por favor ve a bañarte!”
El granjero amaba a su esposa, por lo que su reacción no le ofendía. Sin dudarlo un instante, se lavaba la suciedad y los olores de los animales. Luego le prestaba su atención toda la noche, hablándole, calmando sus necesidades emocionales, cepillando su cabello, dando palmadas a su espalda por el trabajo logrado y jugando sus juegos favoritos.

Una noche, el granjero le dijo a su esposa mientras estaban descansando junto al fuego, “Hoy todos los animales me dijeron lo bien que has estado con ellos.”

La esposa sonrió. “Sí, trato de amarlos como tú los amas.”

“Pero hay un animal que está descontento contigo,” dijo el granjero.

“¿Cuál?” preguntó la esposa, muy preocupada.

“El cerdo.”

“Oh, el cerdo.” La esposa asintió a sabiendas.

“El cerdo dijo que tú te detienes sólo el tiempo necesario para saludar y que nunca juegas con él en su corral.

“Bueno, en realidad yo lo amo. Trato de mostrarle mi amor al darle más de las sobras de comida,” señaló la esposa. “Yo sé que a él le gusta eso.”

“Sí, pero tú nunca entras al corral a hacerle cosquillas en su vientre o acariciar su espalda.”

“Mi querido esposo,” dijo la esposa. “Si me metiera en esa pocilga, me ensuciaría. ¡Muy sucia! La tierra es un gran charco de barro y al cerdo le encanta revolcarse en ella. Yo prefiero mirarlo y hablarle sin entrar en el barro con él.”

“Entiendo,” dijo el granjero. “Pero al mantener tu distancia, haces al cerdo muy infeliz. Cuando yo lo visito, dejo que corra a mi alrededor y salpique barro.”

“No puedo ser como tú,” respondió la esposa con el ceño fruncido. “Tu usas botas altas de cultivo pero yo no tengo botas altas de cultivo. Además, es difícil para mí ver la belleza del cerdo debajo del barro que lo cubre. Es fácil prestar atención al caballo, él se ve agraciado corriendo tranquilamente en el campo y es útil cuando me lleva a donde tengo que ir. Puedo hasta disfrutar del buey, cuyos fuertes músculos hacen posible que tú puedas arar los campos. El gallo no es bello, pero me ayuda a despertarme en las mañanas. Las gallinas pueden ser desagradables a veces, pero me proporcionan buenos huevos para comer. El cerdo – yo sé que es inteligente y amigable, pero sigue revolcándose en el barro. No sé cómo disfrutar su inteligencia y amistad sin envolverme en su barro.”

Al día siguiente, el granjero explicó al cerdo lo que su esposa le había dicho.

“Entonces tomaré un baño”, dijo el cerdo. “Voy a hacerme ver limpio, para que tu esposa quiera pasar tiempo conmigo.”

Luego cuando la esposa del granjero visitó los animales, el cerdo bufó ruidosamente y le pidió que lo visitara primero.

“¡Mira lo que he hecho!” dijo el cerdo. “Me lavé la suciedad y he tenido cuidado todo el día para no embarrarme.”

“Te ves como el cerdo más hermoso que he visto,” dijo la esposa del granjero. “Aquí hay sobras adicionales para que comas. Te veré mañana nuevamente con más comida de la casa.”

“¿Pero por qué no entras y juegas conmigo?” preguntó el cerdo.

“Mi querido cerdo,” dijo la esposa del granjero. “Te ves limpio, pero ¿cuánto tiempo puedes mantenerte limpio? Y ¿por cuánto tiempo puedo quedarme yo limpia si te acompaño en tu corral? Tu aún vives en el lodo.”.

ORACIÓN FINAL

Dios mío voy a hacer todas mis acciones por vuestro santo y divino amor. En el Nombre del Padre, y Del Hijo y del Espíritu Santo Amén.

UEMBB
REFLEXIÓN DEL DÍA UEMBB.

ORACIÓN:

¡Oh alto y glorioso Dios!
ilumina las tinieblas de mi corazón.
y dame fe recta,
esperanza cierta y caridad perfecta,
sentido y conocimiento, Señor,
para que cumpla tu santo y veraz mandamiento.

Nosotros