Fiel en lo poco...

Señor y Dios nuestro, estamos ante ti y nos regocijamos porque deseas consolarnos y ser nuestro Padre. Vivimos una época oscura y perversa en donde naciones enteras se lamentan y quejan. Nuestra necesidad se eleva al cielo, clamando a ti: "Ayúdanos, Señor, Dios nuestro" Que en todas las cosas se haga tu voluntad y que venga tu reino. Nuestra tarea es pedirte a ti todo el tiempo, orando: “¡Oh Señor Dios, ven en Cristo Jesús, Señor y Salvador del mundo entero!” Porque de este a oeste, de sur a norte y entre todas las naciones, Cristo Jesús es el Señor y Salvador. Alabado sea tu nombre por habernos dado al Señor. Amen. 

Lucas 19, 11-28

En aquel tiempo, como ya se acercaba Jesús a Jerusalén y la gente pensaba que el Reino de Dios iba a manifestarse de un momento a otro, él les dijo esta parábola:

“Había un hombre de la nobleza que se fue a un país lejano para ser nombrado rey y volver como tal. Antes de irse, mandó llamar a diez empleados suyos, les entregó una moneda de mucho valor a cada uno y les dijo: ‘Inviertan este dinero mientras regreso’.

Pero sus compatriotas lo aborrecían y enviaron detrás de él a unos delegados que dijeran: ‘No queremos que éste sea nuestro rey’.

Pero fue nombrado rey, y cuando regresó a su país, mandó llamar a los empleados a quienes había entregado el dinero, para saber cuánto había ganado cada uno.

Se presentó el primero y le dijo: ‘Señor, tu moneda ha producido otras diez monedas’. Él le contestó: ‘Muy bien. Eres un buen empleado. Puesto que has sido fiel en una cosa pequeña, serás gobernador de diez ciudades’.

Se presentó el segundo y le dijo: ‘Señor, tu moneda ha producido otras cinco monedas’. Y el señor le respondió: ‘Tú serás gobernador de cinco ciudades’.

Se presentó el tercero y le dijo: ‘Señor, aquí está tu moneda. La he tenido guardada en un pañuelo, pues te tuve miedo, porque eres un hombre exigente, que reclama lo que no ha invertido y cosecha lo que no ha sembrado’. El señor le contestó: ‘Eres un mal empleado. Por tu propia boca te condeno. Tú sabías que yo soy un hombre exigente, que reclamo lo que no he invertido y que cosecho lo que no he sembrado, ¿por qué, pues, no pusiste mi dinero en el banco para que yo, al volver, lo hubiera recobrado con intereses?’

Después les dijo a los presentes: ‘Quítenle a éste la moneda y dénsela al que tiene diez’. Le respondieron: ‘Señor, ya tiene diez monedas’. Él les dijo: ‘Les aseguro que a todo el que tenga se le dará con abundancia, y al que no tenga, aun lo que tiene se le quitará. En cuanto a mis enemigos, que no querían tenerme como rey, tráiganlos aquí y mátenlos en mi presencia’ ”.

Dicho esto, Jesús prosiguió su camino hacia Jerusalén al frente de sus discípulos. Palabra de Dios.

Reflexión sobre la basílica romana

La fiesta de hoy de la Dedicación de las Basílicas de San Pedro y San Pablo, nos ayuda a ir más allá de los confines geográficos locales de nuestras propias parroquias a un sentido más amplio de la Iglesia universal. Ambas Basílicas fueron construidas sobre las tumbas de los apóstoles Pedro y Pablo. Comparto con ustedes una foto de la fachada de San Pablo. Una estatua colosal de San Pablo, esculpida por Giuseppe Obici (1807-1878), se encuentra justo en el centro de un atrio columnado. San Pablo sostiene una espada, y una mirada severa con resolución misionera saluda a los visitantes que pasan a su lado. La fachada está decorada con mosaicos que representan, en la parte inferior, a Isaías, Jeremías, Ezequiel y Daniel; en la parte central vemos el místico Cordero rodeado por cuatro ríos que simbolizan los cuatro Evangelios, y por doce corderos que representan a los doce Apóstoles. En la sección superior, la figura sentada de Cristo está situada entre Pedro y Pablo.

Entonces, ¿por qué celebrar esta fiesta? Una iglesia no es sólo un edificio, como tampoco un hogar es sólo una casa. Una iglesia, como un hogar, es un refugio de descanso, un lugar de celebración, un lugar de alegría y un lugar sagrado. Y cada casa e iglesia necesita una piedra fundamental y un arquitecto, simbólicamente hablando. Para cada una de estas basílicas, Pedro es la piedra fundamental y Pablo el arquitecto. Su peregrinaje y su incesante trabajo para Dios han ayudado a difundir el cristianismo por todo el mundo... un mundo universal... una Iglesia universal...

By Patrick van der Vorst y Br Juan Carlos Arias Bonet, LC